Objetos de Arte. Beso Cuello Largo. Marcek, Esculturas: Esculturas modernas, contemporaneas, figurativas.
¿QUÉ ES UN BESO?
¿SÓLO SE BESA CON LOS LABIOS?
¿QUÉ BESO LOGRÓ LA SOBERANÍA DE UN ESTADO?
¿CUÁL HA SIDO EL BESO MÁS ABOMINABLE DE LA HISTORIA?
¿Por qué nos besamos en los labios?: Porque es una zona muy sensible y especialmente sujeta al estímulo nervioso, y además, como dijo el poeta francés Edmundo Rostand:
Al fin y al cabo ¿qué es, señora, un beso?
Un subrayado de color de rosa
que al verbo amar añaden
un secreto que confunden el oído con la boca,
una declaración que se confirma,
una oferta que el labio corrobora.
El contacto de los labios de un beso no nació con la humanidad.
Antiguamente no se conocía esta caricia, ya que los primeros grandes poetas griegos, como Homero, no lo mencionan.
Sin embargo, ya Salomón habla del beso en El Cantar de los Cantares y se menciona en el libro hindú del amor, El Kama Sutra. (Hay que aprendérselo de memoria, a base de práctica).
No fue sino hasta el siglo VI, que el beso se introdujo en Europa y, claro, por un francés: Leybrand de Tours, quien tuvo la feliz ocurrencia de besar públicamente a su prometida, y gracias a ello, esta romántica costumbre se extendió por toda Europa.
Y se abusó tanto del beso, que en el siglo XVI era de rigor besar como saludo, al dueño de la casa, a su esposa, a sus hijos, parientes y hasta al perro y al gato.
Pero en Italia, el beso se consideraba tan pecaminoso, que las doncellas besadas en público, quedaban deshonradas.
Sin embargo, el beso no es necesariamente una manifestación erótica, sino que expresa muchos otros sentimientos.
El beso de amistad que se da en la mejilla.
El beso de respeto que se da en la frente.
El beso de gratitud que se da en la mano.
El beso del viajero que al llegar acaricia con los labios la tierra que lo recibe.
El beso al héroe que premia su hazaña.
No solamente el ser humano practica el beso. Las aves se acarician con el pico. Algunos insectos lo hacen con las antenas, y los monos con sus hocicos.
Para los aztecas y los japoneses, el beso bucal era desconocido. Y para los chinos es un acto de violencia.
Pero no todos los besos se dan con los labios.
Los esquimales se besan frotándose nariz con nariz.
En muchos parajes de Asia, África y Polinesia, así como entre los lapones de Europa, se practica el beso olfativo, que consiste en aplicar la nariz a la mejilla de la pareja y aspirar profundamente.
Hay besos que han hecho historia: nada menos, el Estado mexicano de Aguscalientes, se convirtió en entidad libre y soberana gracias a un beso de mujer: una encumbrada dama de la mejor sociedad de Aguscalientes, consiguió la soberanía de su Estado, dando un beso al entonces presidente de México, Antonio López de Santa Anna, y el beso pasó a la historia, y aunque el nombre de la dama, por caballerosidad, nos lo habíamos reservado, en honor a los hechos históricos, revelaremos que se trató de doña María Luisa Fernández Villa de García Rojas.
Hay otros besos históricos, como aquél que fue el más abominable de todos: ¡El Beso de Judas! el cual persiste en nuestros días como sinónimo de traición.
Por el contrario, hay besos imperecederos que redimen a una pecadora, y hacen del contacto de sus labios un homenaje sublime: ¡El Beso de Magdalena, empapado de lágrimas, en los pies de Jesús!
Y, para culminar tan apasionante tema, conviene sellar con esta hermosa rima de Gustavo Adolfo Bécquer, que corresponde al número XXIII de su libro: Rimas.
Por una mirada, un mundo,
Por una sonrisa, un cielo.
Por un beso… ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!
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